Una Fraternidad Filosófica y Moralista

Historia de La Masonería

se remontan probablemente a centenares de millares de años antes de la era actual.

Orígenes de la Institución

Desde este punto de vista es cierto, según lo dicen los catecismos, que sus orígenes se pierden “en la noche de los tiempos”, o sea en aquellas antiquísimas civilizaciones prehistóricas de las que se han perdido los vestigios y la memoria, y que se remontan probablemente a centenares de millares de años antes de la era actual.

Es cierto, pues, que nacieron, ya en la aurora (que todas las tradiciones concuerdan en considerar luminosa) de la civilización, ese íntimo deseo de progreso, esa profunda aspiración hacia la Verdad y la Virtud, ese deseo de obrar recta y sabiamente, de los que la masonería constituye, para sus adeptos, la encarnación. Pero si el espíritu masónico debió existir desde las primitivas épocas –conocidas y desconocidas- de la historia, y no fue extraño al primer hombre (si tal existió), manifestación natural de su deseo de progreso, de sus esfuerzos constructivos para alcanzarlo, y si debió de expresarse naturalmente en una forma adaptada y conveniente en las primeras comunidades –íntimas y por ende secretas- de hombres que se apartaban de los demás por su deseo de saber y penetrar el Misterio Profundo de las cosas, es cierto que no siempre se manifestó exactamente en la forma en que hoy se conoce, se ejerce y practica.

A pesar del secreto que debió de caracterizar constantemente la actividad de la Orden, en las diferentes formas asumidas exteriormente, doquiera podemos encontrar algunos vestigios que confirman esta aserción: en los Templos sagrados de todos los tiempos y de todas las religiones, entre las estatuas, grabados, bajos relieves y pinturas; en los escritos que nos han sido transmitidos, en representaciones simbólicas de origen muy diferente, en las mismas letras del alfabeto, podemos encontrar varias trazas de una intención indudablemente iniciática o masónica (siendo los dos términos, hasta cierto punto, equivalentes); y alguna vez no aparecen en estas representaciones los mismos signos de reconocimiento. Igualmente en la mitología, y en las leyendas y tradiciones que constituyen el folklore literario y popular, hay muchas trazas de los misterios iniciáticos, de aquella Palabra Perdida a la cual se refiere nuestra Institución, con su enseñanza esotérica revelada en una forma simbólica.

Fuente: Lavagnini, Aldo – La Masoneria Revelada Manual Del Apendiz, pag. 10.

matteo-vistocco-mJUpopBUGsg-unsplash-gallery-bw.jpg
el-libro-de-los-muertos-egipcios

Fuente: historia.nationalgeographic.com.es

Las Primeras Corporaciones

Las huellas de las antiguas corporaciones constructoras se encuentran en todos los pueblos que nos dejaron alguna noticia de su experiencia. Entre los más antiguos e importantes monumentos que nos quedan de antiguas civilizaciones, debemos poner en primera línea las pirámides de Egipto. Al principio se consideraron como tumbas magníficas de los reyes, pero un estudio más atento ha revelado que se trata más bien de monumentos simbólicos, en los cuales y cerca de los cuales con toda probabilidad se desarrollaban ritos y ceremonias iniciáticas.

Esto parece particularmente cierto con respecto a la Gran Pirámide, cuyas medidas y proporciones calculadas escrupulosamente han revelado en sus arquitectos conocimientos geográficos, astronómicos y matemáticos no menos exactos que los que se consideran exclusiva conquista de nuestros tiempos. Es suficiente decir que la unidad de medida de esta pirámide, el codo sagrado (que puede identificarse con la regla masónica de 24 pulgadas) es exactamente la diezmillonésima parte del radio terrestre polar –una medida más justa y más exactamente determinada que el metro, base de nuestro sistema-. Su perímetro revela un conocimiento perfecto de la duración del año; su altura, la exacta distancia de la Tierra al Sol, y el paralelo y el meridiano que se cruzan en su base constituyen el paralelo y meridiano ideales, dado que atraviesan el mayor número de tierras. Por otro lado, la precisión con la cual están cortados y dispuestos los enormes bloques de piedra de que se componen, daría mucho que pensar a un ingeniero moderno que quisiera imitar estas obras.

A pesar de que el Egipto ha sido siempre considerado como la tierra clásica de la esclavitud, ya que realmente, en épocas posteriores, los obreros, dirigidos por los sacerdotes, no tenían ninguna libertad o iniciativa, es muy difícil pensar que una obra como la Gran Pirámide –obra característicamente masónica- hay podido ser otra cosa que la Obra Maestra de la más sabia y celebrada corporación constructora de todos los tiempos. Además, es posible que nuestra Era Masónica (que empieza en el año 4000 a.C., y que nos viene desde antiguas tradiciones) date precisamente de la construcción de la Gran Pirámide, que algunos, sin embargo, hacen más reciente, y otros mucho más antigua.

Otra importante construcción de la antigüedad (además de los templos, cuyas trazas se encuentran dondequiera) parece haber sido la Torre de Babel, de bíblica memoria, diferenciándose esta construcción de la precedente por el empleo de ladrillos en lugar de piedras cortadas y de otra materia en lugar de cal. El mito de la confusión de las lenguas antes de que se acabase la obra, y de la consecuente dispersión de las corporaciones de constructores que se habían reunido para ejecutarla, da mucho que pensar al estudiante de las tradiciones antiguas..

Fuente: Lavagnini, Aldo – La Masoneria Revelada Manual Del Apendiz, pag. 23.

Masones en la Historia de Venezuela

Conoce más sobre la masonería y su relación con la historia Venezolana.